Trasto-El-jefe

Perdiste la vista, pero nunca la mirada, perdiste esa salud férrea que te caracterizaba en estos últimos días tan duros para los que estábamos cerca, pero nunca perdiste la dignidad, ni la compostura, ni ese saber estar, a veces, tan sorprendente.

Saber estar; atento pero elegante, que era tan torpe con los niños, y tan audaz con los adultos. Fuiste rápido, inquieto, independiente,guapo a rabiar,tan bueno, tan ágil, con ese pelazo suave negro azabache y esa profundidad en la mirada que no he conocido en muchas personas. Solo te faltaba hablar, aunque nunca te hizo falta. No atendías a provocaciones, pero sin dejarte pisar nunca. Sin problema con irte con cualquiera que tuviera mi confianza. 

Gracias por tu compañía incondicional, por tu amor latente, por tu presencia infinita. 
Me has enseñado tanto y estoy tan agradecido. Sin juicio y sin reproche, aunque no siempre fui el mejor de los cuidadores.

Cuantas veces te dije: “otra vez nos hemos quedado solos Trasto” aunque para ti nunca fue soledad si estabas conmigo. Ahí radica la diferencia entre mi mezquindad y tu sabiduría centenaria de aceptación, comprensión y lealtad.
Siempre conmigo, siempre a mi vera, recorrimos mundo y vivimos tantas aventuras …mi mundo y por eso una vez más …Muchas gracias!

La paciencia, la calma, la consideración de la que hacías gala cuando ya eras viejito en tu último periplo, son enseñanzas que todavía tengo pendientes para mí y que sentí en tí tan evidentes.

Has sido el mejor perro negro que se haya podido tener, el mejor amigo, el mejor compañero. No tengo duda de que te has ido con la misma sensación, aunque pude ser más atento, tú nunca dudaste de mí. 
Solo espero haberte dado la vida que te merecías, o al menos haberme acercado lo más posible estos últimos 15 años. 

Todos los que le quisisteis un poquito o mucho, sabed que ya descansa en paz y tranquilo y recordadle como fue…

El mejor perro negro que uno puede tener a su lado.